Un baile más

Comienza la música. Un contrabajo lleva el ritmo en un compás lento y alegre. Rápidamente se atreve una guitarra, suave y contundente, a soltar una melodía hermosa. El piano le hace segunda y comienza a subir y bajar por toda ella. La envuelve de las notas más certeras y tiernas que sabe tocar. Al fondo está, lista para vibrarlo todo, una batería en total sincronía con tan inverosímil acontecimiento.


La escucho, se vuelve mía y sin tener que pedir permiso, su melodía sube a mi cuerpo y baila con mi alma. Desborda de sonidos hermosos e inaudibles cada centímetro de mi piel. Se instala en un rincón de mi sonrisa y se posa colmada para verme disfrutar.


Pasan horas y días y vidas y la música sigue, inmensa. Enmudece todo compás fuera de ritmo y cualquier estridencia, y me llena de ella dispuesta a hacerme saber una y otra vez que es mía.


Danzamos un rato, dejamos que nuestras notas disfruten el ritmo y nos llenen el aire de su amable compás. Nos damos todo. Decidimos que somos todo y seguimos allí, juntas, bailando.


Y así, tan fugaz como fue su primer acorde, la música, mi música, comienza a desafinar. De pronto la batería se escucha confusa y torpe. La guitarra suelta notas irreconocibles y penetrantes. Obligan entonces al pobre piano a tocar asustado una melodía llena de bemoles. El contrabajo no cambia, se mantiene allí, abandonado en un compás ahora inexistente.


Bailo un poco más, obligándome a tomar sus notas rancias entre mis dedos para ver si puedo volver a encontrarles un lugar. Quiero ayudarla soltando la piel de mi cuerpo. Creo ayudarla si finjo gozar en un compás que ella ya no sabe tocar.


Me observa implorante y lo entiendo. Debo dejar de bailar.


Entonces, desdoblo la contorsión que intenté danzar en nuestra última estrofa, me quito algunas notas que quedaron pegadas a mi falda y suelto lentamente sus últimos acordes hasta no escucharlos más.


Desde entonces, mis oídos están detenidos en una larga pero única nota. Todo suena igual, alegre o triste o intenso, no importa, es igual. La vida por ahora no se baila. Si tan solo fuera otra nota, otro acorde, un baile más.

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