Cualquier tormenta

Siempre ha existido algo en tu voz que no entiendo. Un sentimiento de paz y de amor que no sé explicar muy bien. Cada una de tus palabras, dichas a quien sea, al viento inclusive, suenan para mí como aire nuevo; tan cremoso y tan enorme que logran dejarme absorta. Hay algo envolvente en tu voz que parece caricia. Hay algo en tu voz que desde que la escuché por primera vez, no me la he sabido sacar de la piel.



El problema de llevar algo en la piel es que acaricia y quema a voluntad. Y no a voluntad propia, claro está. Quema cuando las olas se vuelven grandes y aterradoras, quema cuando se me va el mar. Me acaricia con la suave brisa de tu regreso; me acaricia con la certeza de tu oleaje y de saberme sobreviviente a tu huracán.



Le temo a la quemazón que me sabe dar tu tormenta. No sé si puedo sobrevivir a la furia de tu viento y a tus olas aterradoras. No sé cuánto te durará la brisa, cuanto te durará el oleaje sereno, cuanto te durará el cielo despejado o el azul cristalino del mar.



El último huracán lo sobreviví como los débiles sobreviven... aferrándome a mil salvavidas. Flotando entre escombros y sujetándome de ellos para que no me puedan golpear. Ya no quiero sobrevivir así nunca jamás. Quiero nadar. Quiero enterrarme en arena por si se te ocurre ponerte a soplar. Quiero ser mi propio salvavidas, quiero envolverme en mi voz y tener la certeza de ser sobreviviente, siempre, a cualquier relámpago y cualquier tormenta.



Hoy nuevamente me envuelves en tu voz y yo me lleno de quemazón y de caricias. Las confundo la una a la otra, pendiente de ver cuando querrás convertirte en huracán nuevamente.



Nunca te confíes del mar, me decía papá cuando en mi infancia jugaba a retar a las olas. Quizá él sabía que serías mi mar, que serías las olas a las que he de retar, las que me han de ahogar, las que me han de hacer flotar.



¿Qué quieres hacer ahora? ¿Ya mediste bien tu voz? ¿Hablas desde tú oleaje calmado y olvidadizo o desde la quietud y sabiduría que queda después de una tormenta?



Ahora estoy sentada, diminuta entre tanta arena, midiendo tu oleaje. Escuchando el rugir de tus vientos y observando el color de tu mar. Estoy temerosa y emocionada, observando, esperando, enterrándome en la arena, envuelta en tu voz, envuelta en tu mar.

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